En los últimos años se ha repetido una narrativa constante: “las casas en Puerto Rico están demasiado caras”.
Pero esa explicación, aunque popular, es incompleta.
Puerto Rico tiene características únicas que naturalmente sostienen valores inmobiliarios más altos que muchos países vecinos e incluso que algunos estados de EE. UU.: clima tropical todo el año, uso del dólar, acceso al mercado estadounidense, ubicación estratégica en el Caribe, estabilidad jurídica relativa y una calidad de vida atractiva para residentes e inversionistas.
El problema real no es que Puerto Rico tenga valor — lo tiene y mucho.
El verdadero reto es que los ingresos locales no han crecido al mismo ritmo que ese valor, creando una brecha cada vez mayor entre lo que cuesta vivir aquí y lo que gana el ciudadano promedio.
Este análisis no busca culpar al comprador ni demonizar el mercado inmobiliario. Busca algo más importante: entender por qué comprar casa se siente tan cuesta arriba y qué factores estructurales realmente lo explican.
El mercado inmobiliario en Puerto Rico sigue activo. A pesar de los cambios en tasas de interés y el aumento en precios, las propiedades continúan vendiéndose y existe demanda real, especialmente en viviendas bajo cierto rango de precio.
Los datos recientes muestran:
Un precio promedio de venta que ronda los $230,000 – $290,000, dependiendo del tipo de propiedad y la zona.
Alta actividad en áreas metropolitanas y costeras.
Interés constante de compradores locales, de la diáspora y extranjeros.
Esto nos dice algo importante:
👉 El mercado no está detenido ni inflado artificialmente; está respondiendo a oferta, demanda y al valor estratégico de la isla.
Depende de con qué lo compares.
Cuando se compara Puerto Rico con:
Países del Caribe
América Latina
Jurisdicciones con monedas inestables
… Puerto Rico sale mejor posicionado en estabilidad, infraestructura legal y acceso a financiamiento.
Incluso frente a muchos estados de EE. UU., los precios no son desproporcionados cuando se consideran ubicación, clima, acceso a playas y calidad de vida.
Entonces, si los precios no son irracionales…
¿por qué el ciudadano promedio siente que no puede comprar?
Aquí está el punto crítico.
El ingreso familiar mediano en Puerto Rico ronda aproximadamente entre $25,000 y $30,000 anuales, mientras que en muchos estados de EE. UU. supera los $70,000.
Sin embargo:
El precio de la vivienda no es tres veces más barato.
El costo de vida no es tres veces menor.
Los requisitos hipotecarios son prácticamente los mismos.
Esto crea una realidad difícil:
Familias que tendrían que destinar 40% o más de su ingreso solo para vivienda.
Compradores que no cualifican, no por falta de responsabilidad, sino por falta de ingreso suficiente.
Personas que trabajan tiempo completo, pero aun así no cumplen con los ratios bancarios.
👉 El problema no es la casa. Es el ingreso que no alcanza.
Este es un problema estructural y de política pública.
Puerto Rico ha operado por décadas bajo un modelo que prioriza costos bajos en lugar de productividad y salarios competitivos.
Tanto en el sector público como en el privado, los aumentos significativos de salario son la excepción, no la norma.
Existen incentivos para atraer capital externo, pero pocas políticas enfocadas en elevar el ingreso del residente promedio y facilitar su crecimiento económico real.
El resultado:
👉 Un mercado inmobiliario con valor real, pero una población local con poder adquisitivo limitado.
Sin ser la causa principal, la Ley 60 sí ha tenido un efecto indirecto en ciertos precios de vivienda, especialmente en zonas específicas con alto interés de inversionistas y compradores externos.
Estos incentivos forman parte de una política pública que busca atraer capital, pero no siempre vienen acompañados de medidas que fortalezcan el ingreso del residente local. Cuando la demanda aumenta en segmentos específicos y los salarios locales no crecen al mismo ritmo, la presión en precios se hace sentir.
Esto no significa que la Ley 60 sea “el problema”, sino que evidencia una desconexión entre política económica y asequibilidad local, reforzando el reto que enfrenta el ciudadano promedio al competir en el mercado de vivienda.
A través de toda la isla existen miles de propiedades abandonadas, incluyendo edificios públicos en desuso (escuelas, oficinas y otras estructuras gubernamentales) que ya cuentan con infraestructura básica y están ubicados en comunidades establecidas.
Más que verlos como un problema, los municipios y el gobierno central podrían convertir estos activos en apartamentos y viviendas asequibles, dirigidos específicamente a familias y ciudadanos que hoy no tienen ingresos suficientes para comprar una casa en el mercado tradicional.
Este enfoque permitiría:
Reutilizar infraestructura existente
Reducir costos frente a nueva construcción
Crear vivienda alineada al ingreso real de cada municipio
Ofrecer una oportunidad real de capitalizar en una propiedad, sin presionar ni distorsionar los mercados existentes
Brindar mayor estabilidad y seguridad a más familias puertorriqueñas
Cada municipio conoce mejor que nadie su mercado y su realidad económica. Trabajar estas propiedades según esa realidad permitiría atender el problema de vivienda de forma estratégica, sin afectar negativamente el valor de las propiedades ni el mercado privado.
No necesariamente.
Construir más ayuda, pero no resuelve el problema de fondo.
Casas más baratas no solucionan nada si el ingreso sigue estancado.
Las soluciones reales requieren:
Creación de empleos mejor remunerados
Políticas que incentiven aumentos salariales reales
Acceso a financiamiento responsable
Educación financiera y planificación a largo plazo
Sin ingreso, no hay acceso sostenible a vivienda, por más incentivos que existan.
Si sientes frustración al intentar comprar casa, es importante que sepas esto:
👉 No es falta de esfuerzo ni de disciplina.
👉 Es una brecha estructural entre ingreso y costo.
Puerto Rico sigue siendo un lugar valioso para vivir e invertir.
El reto es cómo lograr que más puertorriqueños participen de ese valor, en lugar de quedarse fuera del mercado.
Puerto Rico no es caro porque esté sobrevalorado.
Es caro porque el ingreso local no ha evolucionado al ritmo del valor real de la isla.
Mientras no se atienda ese desbalance, comprar casa seguirá siendo difícil para muchos, aunque el mercado continúe activo.
Después de más de 25 años en bienes raíces, mi conclusión es clara:
el problema de la vivienda no se resuelve atacando precios, sino fortaleciendo ingresos y oportunidades reales para el ciudadano.
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